LOS ENFERMOS
Diciembre 9, 2009
Los enfermos, predilectos del Señor
Al hablar sobre el sacramento de los enfermos constatamos una realidad: Los católicos poco nos preocupamos religiosamente de nuestros enfermos. Sí nos preocupamos materialmente: llamamos al médico, los llevamos al hospital, etc.
Pero al sacerdote, no lo llamamos. Por lo menos mientras el enfermo no esté para morirse todavía. Porque podría morir de susto cuando vea entrar al sacerdote.
Muchos pensamos que al sacerdote se le llama solamente para despedir oficialmente a los moribundos. Y por eso esperamos el último momento, cuando el enfermo ya está inconsciente. Y ya no ve que van a rezar por él.

“La palmera de Port Said”, que es una parábola de la vida.
En la persona del jardinero, nos habla de la sabiduría, la paciencia y la bondad de Dios. Pero podemos aplicarla perfectamente a la misión del sacerdote, de los papás y de todo educador.
Existe en Port Said una palmera, llamada palmera real; sobre la tierra levanta sus hojas, tan alta como una torre. Una leyenda se teje en torno a sus verdes hojas. Escuchad ahora el relato lleno de profundo sentido.